DESDE MI ATALAYA se observa el mar que hay en ti.
Se descubren tus etéreas
islas de remembranzas.
Esta manía de mirar cual
autillo sin alas en la noche.
Abrevarás conmigo y te
haré suponer, que un crepúsculo es hermoso,
que no agazapas tras las
rejas de esa soledad,
que también es un país.
La bruma es intensa pero
luego habrá luz,
se argentará tu sombra en
plenilunio,
morará en mis puentes
cual azogue en la nevada.
Aquí donde el pavor me
avaha,
yerta roca,
me salva tal vez un
ancora invisible,
me salvan las piedras
donde se trastoca tu nombre.
Despacio me transfiguro
como estas palabras
que alzo al templo en que
gimes.
Y me deshago la amasia
infiel.
Soy el monje que aguarda
Tu voz... tu ira...
Tu destello...
irrevocable.