TRAMPA
¡Oh, que hermosa apariencia
tiene la falsedad!
Shakespeare
Me he codeado con duendes que ansían mi reinado
Encrucijadas perpetuas, sombras que fallecen,
atisban el ruego de los mortales.
Cuelgan los altisonantes besos de un sórdido reflejo de animal.
El convite aguardan, las apetitosas especies que largaran el pellejo.
Me apedreo a mi misma y como tigre ahorcado me entrego
con todos los sables y las grietas.
Entrego el cristal y su falso grito de transparencia
que me hace tintinear como gota de fuego.
Terrena y de opaco metal sucedo
entre los duendes... los
ya reyes.
Les cocino el reverso y mi trampa que no vomitaran.
Soy el péndulo de sus nostalgias, mis huellas son sus huellas.
A los que me visitan, con sus delirios de alcoba
y mascullan laberintos agónicos, les digo que no vuelvan.
Que he matado a mi madre, y desde la locura de mi espectro,
con lo terrible que puede
parecer la calma, les sonrío.
Y sola, voy a pintar mi casa
con el matiz excitante del dolor.